Ayer, en la explanada de la Alhóndiga de Granaditas, Hiroshima Kagura sorprendió al público del 52º Festival Internacional Cervantino con dos cautivadoras presentaciones: Tsuchigumo y Yamata no Orochi. Estas obras, cargadas de simbolismo y tradición, narran el inicio de la unificación de Japón y la leyenda del demonio Serpiente de las Montañas, respectivamente.
El Kagura es una de las expresiones artísticas más antiguas de Japón, surgida como un ritual en el siglo VIII para agradecer a los dioses. Durante la Segunda Guerra Mundial, esta tradición se renovó en Hiroshima, convirtiéndose en un arte que integra elementos del Noh y el Kabuki, reflejando los sentimientos de libertad y paz.
El público disfrutó de una experiencia única que conectó la historia y la mitología japonesa con las artes escénicas. Los artistas lograron mantener viva la esencia del Kagura, deleitando a propios y extraños con su talento y transmitiendo un mensaje de gratitud hacia la naturaleza y la vida.





