El silencio del PAN y el exilio dorado de Diego Sinhue, Temporada 1, episodio 6
Héctor Rodríguez Colmenero
Panismo en ruinas: cuatro exgobernadores, una heredera sin rumbo
El PAN gobernó Guanajuato durante más de dos décadas con todas las condiciones a favor: mayoría política, estabilidad presupuestal, confianza ciudadana y un discurso que prometía ética, humanismo y eficiencia. Hoy, después de todo ese tiempo, lo que queda es un estado desgarrado por la violencia, capturado por intereses privados y gobernado por el desencanto.
Lo peor es que el PAN lo tuvo todo… y lo echó todo a perder.
Lo que llamaron “modelo Guanajuato” terminó siendo una farsa sostenida por cuatro hombres que administraron la simulación: Romero Hicks, Oliva, Márquez y Sinhue. Y ahora, el turno es de Libia Dennise, que por más que quiera parecer nueva, representa exactamente lo mismo.
Juan Carlos Romero Hicks: el tecnócrata que se negó a ver
Romero fue el primero de esta línea. Un panista con discurso limpio, pero manos limpias de realidad. Gobernó con estadísticas, no con calle. Hablaba de capital humano mientras las brechas sociales crecían. Nunca tocó los verdaderos problemas del estado: la desigualdad, el abandono rural, el deterioro de la seguridad.
Decía y dice que su gobierno “no tuvo asegunes”, como si decirlo fuera suficiente para borrar los pendientes que dejó. Pero la historia no se borra con frases huecas o clases de política. Su omisión fue el principio del colapso.
Juan Manuel Oliva: el devoto que abandonó el cargo… y regresó a remover las aguas
Luego vino Oliva, más clerical que civil, más candidato que gobernador. Repartió recursos a organizaciones religiosas, polarizó el debate público y, cuando el escenario se puso difícil, renunció para ir tras una dirigencia nacional que nunca consiguió. Su sexenio fue caótico y personalista. Usó el poder como trampolín, no como responsabilidad. Y se fue sin rendir cuentas.
Pero ahora Oliva ha vuelto. Hace apenas unos días apareció en la capital del estado, captado en fotografías con un reducido grupo de simpatizantes, aparentemente reclutando perfiles para su nuevo proyecto político: el partido México Republicano. Solo hizo falta una imagen, unas caras conocidas y una mención mínima en redes sociales para provocar una oleada de comentarios polarizados, burlas, incomodidad y molestia dentro del panismo del estado y a nivel nacional.
El viejo panismo sintió la punzada. Porque aunque parezca irrelevante, una sola foto bastó para exhibir la fragilidad de un partido que ya no sabe ni a quién pertenece, ni cómo sostener su legitimidad. Lo que Oliva logró no fue sumar simpatizantes: logró hacer evidente que el PAN está en agonía.
Y eso, por sí solo, ya fue un mensaje demoledor.
Miguel Márquez: la sonrisa que escondía contratos
Márquez gobernó con el rostro amable del clientelismo. Le gustaba hablar poco y posar mucho. Su obra estrella, el Proyecto Escudo, fue uno de los mayores fraudes administrativos de la historia reciente del estado: más de 2 mil millones de pesos para un sistema de vigilancia que no resolvió nada.
Lejos de corregir los errores de su antecesor, los consolidó. Normalizó el uso de empresas fantasma, repartió contratos a modo y perfeccionó el modelo de “gobernar para los aliados”. Su verdadero escudo fue la opacidad.
Diego Sinhue: el rostro del colapso total
Sinhue llegó joven, lo llame muchas veces párvulo; con discurso de innovación, y acabó como el gobernador del derrumbe. Su sexenio fue el más violento que ha vivido Guanajuato. La seguridad pública fracasó, la justicia se desplomó, y el dolor fue silenciado con propaganda.
Renovó los mismos contratos fallidos de Márquez, protegió estructuras corruptas, y usó la comunicación institucional como una muralla. Mientras el estado ardía en homicidios, desaparecidos y miedo, él hablaba de percepción, turismo y resiliencia.
Libia Dennise: el rostro nuevo del mismo régimen
Ahora, Libia. Joven, mujer, con discurso suave y frases modernas. Pero sin estructura nueva, sin ruptura real, sin diferencia profunda. Porque nadie puede transformar desde dentro un sistema que ya se pudrió desde sus cimientos.
La ciudadanía ya no compra el “nuevo comienzo”. Ya sabe cómo opera el PAN: con eslóganes, promesas recicladas y pactos inconfesables. Libia no puede avanzar, no porque no quiera, sino porque representa un régimen que ya agotó toda su credibilidad.
Un régimen que se devoró a sí mismo
Romero, Oliva, Márquez, Sinhue y ahora Libia no son errores aislados: son eslabones de una cadena rota. Lo que alguna vez se presentó como “gobierno humanista” terminó como un bloque de simulación, propaganda y abandono.
