En la política social de México, Morena reparte Tarjetas del Bienestar, el PRI ya reparte Tarjetas de Color Rojo y el PAN… sigue rezando en el Cubilete.
Héctor Rodríguez Colmenero
Mientras Morena masifica sus programas asistencialistas con tarjetas que buscan votos en volumen, y el PAN se aferra a su discurso de “familia tradicional” sin aterrizarlo en políticas reales, el PRI ha lanzado una jugada que, guste o no, le está marcando la agenda política al panismo desde su propio territorio: Guanajuato.
Con la Tarjeta Roja de San Diego de la Unión y el anuncio del Instituto de Apoyo a los Hombres en San Miguel de Allende, el PRI no solo se atreve a hablar de la vulnerabilidad masculina (tema prohibido para la corrección política), sino que lo convierte en un acto de pragmatismo electoral.
Y al PAN, como siempre, lo dejó sin discurso.
El PAN, experto en simular, incapaz de actuar
El PAN ha usado durante décadas el discurso de la “defensa de la familia” para esconder su incapacidad de diseñar políticas sociales integrales. Un discurso cómodo, pero falso.
Mientras los panistas repiten en misa sus dogmas sobre la familia, en las calles hay hombres pobres, abandonados, desempleados, rotos emocionalmente, que el PAN ha preferido no ver, porque hacerlo le obligaría a romper su simulación moralista.
Lo de San Diego de la Unión y San Miguel de Allende no es una ocurrencia del PRI. Es una jugada calculada.
Una respuesta a un vacío que el PAN dejó por soberbia ideológica.
Tarjeta Roja: el golpe directo al PAN
El alcalde priista Juan Carlos Castillo Cantero rompió la corrección política y lanzó la Tarjeta Roja, un subsidio directo de 5,000 pesos anuales exclusivo para hombres.
La narrativa fue provocadora: “tenemos una deuda histórica con los hombres”.
Al PAN le explotó en la cara.
No supieron cómo reaccionar.
Prefirieron callar, como siempre que los confrontan con una realidad que les incomoda.
San Miguel de Allende: lo que el PAN nunca tuvo el valor de proponer
El alcalde priista Mauricio Trejo Pureco fue más allá con la creación del Instituto de Apoyo a los Hombres, para ofrecer atención psicológica, asesoría legal y programas de apoyo social a varones en situación de vulnerabilidad.
El PAN, fiel a su simulación, nunca se atrevió a diseñar un proyecto similar, por miedo a “romper su narrativa moralista”.
El PRI sí. Y lo hizo en la cara de los panistas.
PRI, Morena y PAN: tres formas de hacer (o no hacer) política social
La estrategia está clara:
• Morena masifica programas con la Tarjeta del Bienestar y busca votos en volumen.
• El PRI personaliza apoyos y busca sectores olvidados con tarjeta roja (hombres, adultos mayores, jóvenes sin empleo).
• El PAN… moraliza, sermonea y se queda sin política social real.
Mientras el PRI y Morena entienden que las tarjetas son hoy el símbolo del pragmatismo electoral, el PAN sigue atrapado en su inmovilidad doctrinaria, incapaz de bajar de su pedestal para reconocer que la política de la calle no se hace discursos sino aciones concretas.
La guerra de las tarjetas de colores ya comenzó
El PAN está jugando a ser el partido de “los valores”, mientras el PRI les arrebata votos con apoyos reales.
Lo que empezó como una Tarjeta Roja para hombres, pronto se convertirá en una guerra de plásticos de colores en cada elección.
El PRI ya entendió cómo se juega la política social en el siglo XXI.
Morena lleva años haciéndolo.
El PAN sigue sin entenderlo.
Conclusión: los hombres olvidados también votan
El PRI le ha dicho al PAN, desde su propia casa (Guanajuato): si tú no hablas con los hombres, yo sí lo haré.
El PAN sigue simulando. Pero la realidad no espera.
En la próxima elección, los hombres olvidados votarán.
Y votarán contra la indiferencia
