Julieta Venegas y la OSUG iluminan la Alhóndiga con una noche inolvidable

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Ante un lleno total en la explanada de la Alhóndiga de Granaditas, Julieta Venegas se presentó acompañada por la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG). Llegar hasta el legendario recinto era casi imposible: todas las calles aledañas lucían abarrotadas, y el bullicio anticipaba una velada especial. Son pocas las veces que se ve un lleno así en el Festival Internacional Cervantino —solo comparable con presentaciones de Café Tacvba, Caifanes o Joan Manuel Serrat—, pero esta noche el protagonismo era de la tijuanense.

Los músicos de la OSUG comenzaron a ocupar el escenario mientras se escuchaban las notas de afinación que anunciaban el inicio. Poco después, la maestra Inés Rodríguez, directora invitada, hizo su aparición para dirigir el primer tema orquestal. Entonces, entre aplausos y gritos, Julieta Venegas salió por el lado izquierdo del escenario, vestida con un elegante vestido azul noche que aportaba aún más magia al ambiente.

Su voz, inconfundible, comenzó a llenar el espacio de la Alhóndiga con Andar conmigo, seguida de Lento y Algo está cambiando. Cada acorde parecía dialogar con el público, mientras los arreglos orquestales daban nueva vida a sus canciones más entrañables.

Uno de los momentos más emotivos llegó cuando el Coro de la Universidad de Guanajuato se unió a Julieta para interpretar Callaron las canciones, tema que dedicó a una amiga fallecida hace poco más de un año. La pieza, cargada de nostalgia, fue una pausa luminosa en medio de la emoción colectiva.

El repertorio avanzó con temas como Eres para mí, una de las más coreadas de la noche. La OSUG brilló especialmente en Lento, donde los arreglos orquestales elevaron la canción a una dimensión casi cinematográfica.

Ya hacia el final del concierto, Julieta interpretó Limón y sal, desatando una ola de voces que se unieron al coro. Para cerrar, Me voy fue el clímax absoluto: los arreglos de la orquesta transformaron la melodía en un viaje sonoro que conectó al público con una de las esencias más puras del arte: la música como emoción compartida.

El encore llegó con un tono más íntimo. Sin la orquesta y acompañada solo de su banda, Julieta regresó al escenario para interpretar Caminaré ese camino, Luego presentó Háblame con cuidado, una pieza reciente con tintes de desahogo y ternura.

Antes de despedirse definitivamente, dedicó una canción a Charly García por su cumpleaños, recordando su adolescencia y sus sueños de volar sobre Buenos Aires. Con El presente, cerró una velada cálida y profundamente humana, de esas que quedan grabadas en la memoria del Cervantino.

La maestra Inés Rodríguez y la OSUG demostraron una vez más por qué Guanajuato es sinónimo de cultura viva. Y Julieta Venegas, con su voz y su sensibilidad, reafirmó que la música sigue siendo el idioma más universal para encontrarnos.

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