Los datos del “gobierno de la gente” están en riesgo: el hackeo que desnuda el fracaso panista en Guanajuato

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#Opinión

Hèctor Rodríguez Colmenero

El hackeo a la Fiscalía General del Estado de Guanajuato no solo es un ataque digital; es una radiografía de un poder fracturado. En los archivos comprometidos no solo están los expedientes judiciales de miles de víctimas y denunciantes, sino también los datos del llamado “gobierno de la gente” que encabeza Libia Dennise García Muñoz Ledo.

Sí: los datos del propio aparato estatal panista están en riesgo.

Y lo más grave es que, en lugar de reconocer la vulnerabilidad institucional, se prefiere refugiarse en el discurso gastado de que “la Fiscalía es autónoma” y que “resolverá conforme a sus protocolos”. Palabras huecas para una crisis real.

Porque lo que se vulneró no es solo un sistema informático: se vulneró la credibilidad del Estado.

Si los datos personales, las denuncias y los expedientes judiciales pueden caer en manos de hackers, ¿qué tan protegidos están los registros de ciudadanos, servidores públicos y hasta los archivos del propio gobierno estatal?

En Guanajuato, el hackeo se convierte en espejo: muestra la incapacidad del panismo para gobernar más allá del control político. Un Estado que presume orden y modernidad no puede justificar que una sola intrusión digital ponga en jaque la justicia, la privacidad y la seguridad de más de 150 mil víctimas.

Mientras los funcionarios ensayan comunicados ambiguos y los voceros insisten en que “no se trata de un ataque, sino de una revisión preventiva”, la ciudadanía enfrenta la consecuencia real: la posibilidad de que sus datos personales, declaraciones y denuncias circulen en la red como botín.

El “gobierno de la gente” que prometió cercanía y transparencia ahora es parte del mismo sistema que se resiste a rendir cuentas.

Y la autonomía de la Fiscalía, que en teoría debería garantizar independencia, se ha vuelto el escudo perfecto para ocultar errores y deslindar responsabilidades.

Guanajuato vive hoy una doble crisis: la de la justicia y la de la confianza.

El hackeo es solo el síntoma visible de una enfermedad más profunda: décadas de simulación institucional, de gobiernos que administraron la fe pública como un patrimonio partidista y de una sociedad cansada de esperar justicia en un sistema que ya no puede proteger ni su propia información.

Porque al final, cuando los datos del gobierno —y de su gente— están en riesgo, lo que realmente se pone en duda es la legitimidad de quien gobierna.