Cuando el centro histórico se vuelve set: y ahora sí, entender Guanajuato “está en chino”

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#Opinión

Hèctor Rodríguez Colmenero

Recordando:
Aquel 15 de agosto de 2022 lo recuerdo con una mezcla de coraje y vergüenza ajena. Caminaba por la Plaza del Baratillo —ese espacio que para muchos es solo postal, pero para quienes vivimos y trabajamos aquí es memoria, identidad y pertenencia— cuando vi algo que no debería ocurrir jamás en una ciudad que presume ser Patrimonio de la Humanidad:
un integrante de la producción trepado en la fuente como si fuera un pedestal de utilería.

Ese momento confirmó lo que muchos sospechamos: para ciertas productoras, el centro histórico no es un patrimonio vivo, sino un set desechable. Y lo que más duele no es lo que hicieron, sino lo que dejó de hacer la autoridad municipal. No puso reglas, no medió, no intervino; solo observó, como si su papel fuera abrir camino, no defender a la ciudad.

Porque sí: entiendo que el Baratillo es un escenario perfecto, que filmar aquí trae inversión y promoción. Nadie lo discute. Pero permitir cierres moderados no significa entregar el espacio público como si fuera propiedad privada. Mucho menos tolerar que alguien manipule lugares emblemáticos sin consecuencia alguna.

Lo vivido durante el rodaje de Heat and Rush, una producción china que llegó con despliegue casi militar, terminó por confirmar la falta de orden. Bloquearon calles, limitaron accesos a comercios, viviendas y escuelas, incluso en momentos en que no había cámaras grabando. La vida cotidiana quedó suspendida porque “están filmando”… aunque no estuvieran filmando nada, con cintas amarillas y algunos propios no dejan pasar.

La raíz del problema es evidente: no existe un reglamento claro. No hay lineamientos que limiten, ordenen o equilibren el derecho de producción con el derecho de quienes habitamos la ciudad. En ese vacío, cada productora opera como le da la gana y la autoridad permite que así sea.

Y aquí hablo desde lo que vi y viví:
la autoridad no está para agachar la cabeza. Está para mediar entre quienes producen y quienes vivimos aquí; está para poner límites, no para pedir permiso.
Si la autoridad no puede defender ni siquiera una fuente histórica, ¿qué esperanza queda para el resto del patrimonio?

En fin… si regular el uso del centro histórico ya era urgente, ahora sí: la solución está en chino.