Guanajuato: atraer turistas no basta, también hay que cuidar la experiencia

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Un video que circula en redes vuelve a poner sobre la mesa una advertencia que hice hace un año: urge reglamentar los recorridos turísticos y terminar con los tours de compras

Comprando experiencias en Cuevano Capitulo 1 episodio 1

#Opinión

Héctor Rodríguez Colmenero

En julio de 2025 escribí una reflexión titulada “Guanajuato: La ciudad del cielo azul que merece ser contada al mundo”, después de que unos amigos de Barcelona me buscaran para solicitarme un video promocional de Guanajuato que pudiera mostrar a fotógrafos internacionales, influencers y agencias de viajes de alta gama la esencia de nuestra ciudad.

La petición me llevó a buscar materiales profesionales para recomendarles Guanajuato.

Y entonces encontré un problema que iba mucho más allá de la ausencia de un buen video promocional.

Guanajuato tenía —y sigue teniendo— un problema de narrativa, promoción, movilidad y, sobre todo, de experiencia turística.

En aquella columna advertí que no podíamos pretender competir con otros destinos nacionales si seguíamos dependiendo únicamente de la belleza que heredamos.

Propuse entonces producir material audiovisual de nivel internacional, diseñar campañas dirigidas a mercados especializados, reinventar nuestros eventos, mejorar la movilidad, crear alianzas entre hoteles, restaurantes, museos y artistas, fortalecer la gastronomía y, particularmente, ofrecer transporte turístico eficiente que permitiera conocer la ciudad sin convertir el recorrido en un tour de compras.

Hoy, un video que circula en el ciberespacio vuelve a poner el tema sobre la mesa.

En las imágenes se observa a turistas aparentemente incómodos ante la actitud de un hombre que conduce una unidad de transporte turístico de Guanajuato. De acuerdo con la versión que acompaña el video, el conflicto habría surgido porque los visitantes presuntamente se negaron a realizar compras durante el recorrido.

No corresponde hacer un juicio definitivo a partir de un video ni señalar culpables sin conocer todas las versiones.

Pero sí corresponde preguntarnos qué mensaje estamos enviando al turista.

Porque el problema ya no es solamente lo que ocurrió dentro de una unidad.

El problema es lo que ocurre cuando esas imágenes salen de ella.

El turista compra una experiencia, no una obligación

Un visitante llega a Guanajuato para conocer sus callejones, sus plazas, sus túneles, sus museos, sus montañas, sus leyendas, su arquitectura, su gastronomía y su historia.

Puede comprar artesanías.

Puede comer en un restaurante.

Puede contratar una experiencia.

Puede llevarse un recuerdo.

Pero no debería sentirse obligado a comprar para que el recorrido turístico continúe en buenos términos.

Hay una diferencia enorme entre recomendar un establecimiento y presionar al visitante para que consuma.

Y esa diferencia puede definir si el turista regresa, recomienda Guanajuato o, por el contrario, cuenta una experiencia negativa en sus redes sociales.

Hoy un turista insatisfecho puede tener un alcance mayor que cualquier campaña institucional.

Una mala experiencia grabada con un teléfono puede viajar por México y el mundo en cuestión de horas.

Lo advertí hace un año

En aquella columna también señalé que Guanajuato estaba perdiendo competitividad turística.

Mientras otros destinos renovaban su promoción y buscaban nuevas experiencias, nuestra ciudad seguía confiando demasiado en la belleza de su patrimonio y en la idea de que el turista “llegará solo”.

Pero el turismo moderno ya no funciona así.

El visitante compara.

Investiga.

Lee reseñas.

Consulta redes sociales.

Pregunta por experiencias.

Y, finalmente, cuenta lo que vivió.

Por eso no basta con tener una ciudad extraordinaria.

Hay que construir una experiencia extraordinaria alrededor de ella.

Y ahí es donde debemos revisar con seriedad los recorridos turísticos.

Urge reglamentar los recorridos turísticos

Guanajuato necesita una regulación clara, moderna y transparente para quienes ofrecen recorridos turísticos.

No para obstaculizar a quienes trabajan en este sector, sino para profesionalizarlo y proteger tanto al prestador del servicio como al visitante.

La reglamentación debería establecer, entre otros aspectos:

* Qué puede y qué no puede ofrecer un recorrido turístico.

* Las condiciones mínimas de capacitación de conductores y operadores.

* Tarifas y conceptos claramente informados antes de abordar.

* Rutas y tiempos de recorrido transparentes.

* Protocolos de atención al turista.

* Mecanismos para presentar quejas y denuncias.

* Reglas claras sobre la promoción de establecimientos comerciales durante los recorridos.

* Y, especialmente, prohibir cualquier presión, condicionamiento o intimidación para obligar al visitante a realizar compras.

La venta debe ser una posibilidad, no una condición.

El turista debe poder decir “no, gracias” sin que eso transforme su recorrido en una experiencia desagradable.

Guanajuato necesita dejar atrás el tour de compras

Si queremos atraer turismo de mayor poder adquisitivo, fotógrafos, viajeros internacionales, convenciones, agencias especializadas y visitantes que buscan experiencias auténticas, debemos entender algo muy sencillo:

No podemos vender Guanajuato como una ciudad de experiencias y tratar al visitante como una cartera ambulante.

El turismo de calidad no se construye llevando al visitante de un establecimiento a otro para provocar consumo.

Se construye llevándolo a descubrir.

A fotografiar.

A caminar.

A escuchar.

A comer.

A conocer.

A conversar.

A quedarse más tiempo.

Y, finalmente, a regresar.

Eso también es derrama económica.

Incluso puede ser mucho mayor.

Un visitante satisfecho puede consumir en un restaurante, hospedarse una noche más, visitar un museo, contratar otra experiencia, comprar artesanías por decisión propia y recomendar la ciudad a diez personas.

La presión por una compra inmediata puede producir exactamente lo contrario.

La reputación de Guanajuato está en juego

Guanajuato tiene algo que ninguna campaña publicitaria puede fabricar:

una identidad propia.

Es la ciudad del cielo azul y las montañas; el Cuévano de Ibargüengoitia; la tierra que inspiró a Manuel Leal; las crónicas de Alberto Ruiz Gaytán y Chucho Elizarrarás; la mirada de fotógrafos como Mustafa; la memoria de Isauro Rionda; los caminos de José Alfredo Jiménez y tantas historias que forman parte de nuestra identidad.

Tenemos patrimonio de sobra.

Tenemos historias de sobra.

Tenemos escenarios de sobra.

Lo que necesitamos es profesionalizar la manera en que recibimos y acompañamos al visitante.

Porque una ciudad turística no se mide únicamente por cuántos visitantes llegan.

También se mide por cómo se van.

Y si queremos que regresen, que recomienden Guanajuato y que se conviertan en embajadores de nuestra ciudad, debemos comenzar por garantizar algo elemental:

que nadie se sienta presionado para comprar durante un recorrido turístico.

En julio de 2025 planteé que Guanajuato necesitaba salir a buscar al turista, seducirlo con su identidad y ofrecerle experiencias de calidad.

Hoy agregaría algo más:

también debemos cuidar al turista una vez que llega.

Porque atraerlo con una gran campaña y perderlo por una mala experiencia es tirar por la borda todo el esfuerzo de promoción.

Guanajuato merece ser contado al mundo.

Pero también merece ser bien recibido por el mundo.

Y para ello, ya no basta con recomendaciones.

Urge reglamentar los recorridos turísticos, profesionalizar el servicio y dejar claro que en Guanajuato el turista es un invitado, no un comprador cautivo