Después de una exitosa presentación en el Palacio de Bellas Artes, Mike Patton aterrizó en Guanajuato para llevar al público del Cervantino su producción Mondo Cane, un disco que produjo en 2010 y que ahora lleva a escena de una manera excepcional.
La presentación aborda canciones italianas de los años 50 y 60, las cuales transportan al cine italiano de aquellas épocas. Desde los primeros acordes, la propuesta consigue crear una atmósfera que recuerda aquellas grandes producciones cinematográficas, con arreglos que combinan elegancia, dramatismo y una gran fuerza sonora.
Pero no solo se trata de mantener viva la memoria de aquellas canciones italianas en Guanajuato, sino de la interpretación de Mike Patton, quien convierte su voz en uno de los principales instrumentos de la noche. Es capaz de llevar una canción desde lo más melódico de su voz, acompañado únicamente por un solo de guitarra acústica, hasta acompañar a todos sus músicos con una voz metalera y desgarradora. Una voz que transita por distintos registros vocales y que puede pasar de un momento íntimo y delicado a una explosión de fuerza en cuestión de segundos.
Esa capacidad vocal es, sin duda, uno de los elementos que hacen diferente la propuesta de Mondo Cane. Patton no se limita a interpretar las canciones, sino que las lleva a distintos territorios, jugando con la intensidad, el tono y la textura de su voz, sin perder la esencia de las composiciones originales.
La orquesta, sin duda, es otra gran protagonista de este concierto, acompañada por una docena de violines que dan una dimensión mucho mayor a cada una de las interpretaciones. Son ellos quienes llevan al público desde un sonido suave y delicado hasta melodías que crecen poco a poco hasta hacer vibrar y sacudir el ser, eso que solo la música puede provocar.
A esto se suman el piano de cola, un órgano, batería, percusiones y efectos digitales, todos conjugados para construir un espectáculo de gran riqueza sonora. Cada instrumento ocupa su lugar y permite que las canciones pasen de momentos íntimos a grandes explosiones musicales, haciendo que el escenario de la Alhóndiga de Granaditas se convierta por momentos en una sala de conciertos, en un escenario cinematográfico y hasta en un espacio de experimentación sonora.
Todo esto se conjugó para que la velada de la primera noche de la Fiesta del Espíritu nos mostrara que el Cervantino continúa buscando nuevos horizontes para las artes. La propuesta de Patton es precisamente eso: tomar una tradición musical, trasladarla a otro tiempo y espacio y hacerla convivir con diferentes formas de expresión sin perder su identidad.
Y si durante buena parte de la noche el público viajó a la Italia de los años 50 y 60, en el encore Patton decidió cruzar el océano para encontrarse con México.
El cantante sorprendió con interpretaciones en español, entre ellas La Llorona, de Chavela Vargas, seguida de Hasta que te conocí, de Juan Gabriel. Esta última interpretación tomó una dimensión especial al estar acompañada por el Mariachi Gama Mil.
Con una voz desgarradora, Patton llevó la canción de Juan Gabriel a su propio terreno, mientras el mariachi acompañaba el cierre de una noche que había comenzado en la música italiana y que terminó profundamente arraigada en la música mexicana.
Así, entre violines, guitarras, metales, percusiones, una orquesta y una voz capaz de recorrer diferentes registros y géneros, Mike Patton cerró extraordinariamente la primera noche del Cervantino, dejando en la Alhóndiga una muestra de que la música no necesita fronteras para encontrarse con el público.