La Fiesta de los Indios Tejocoteros fue declarada Patrimonio Cultural Intangible de Guanajuato, un reconocimiento a la memoria histórica y al trabajo de las familias que han mantenido viva esta representación durante generaciones.






Esa herencia recibió un reconocimiento este lunes con la declaratoria de la Fiesta de los Indios Tejocoteros y la Batalla de Santa Rosa como Patrimonio Cultural Intangible del estado de Guanajuato, durante una ceremonia a la que asistieron la gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo y autoridades estatales y municipales.
Pero detrás del nombramiento existe una historia que va más allá de un decreto: la de una comunidad que ha encontrado en sus propias costumbres una manera de preservar la memoria de la Independencia y transmitirla a las nuevas generaciones.
Durante su intervención, Julio Robles, representante de la Fiesta de los Indios Tejocoteros, recordó que esta tradición tiene sus raíces en la memoria histórica y oral de Santa Rosa. De acuerdo con el relato que se conserva en la comunidad, la representación se remonta al siglo XIX, cuando, durante el paso del emperador Maximiliano por tierras guanajuatenses, los habitantes decidieron mostrarle cómo había comenzado la lucha por la Independencia de México.
La celebración se suspendió durante un periodo y fue retomada en 1934 por iniciativa de Tomás Ulloa, conocido como el Indio Mayor, junto con otros integrantes de la comunidad. Desde entonces, la representación ha continuado gracias a la participación y el compromiso de sus habitantes.
Una historia que se transmite en familia
Para Robles, el valor de los Indios Tejocoteros no se encuentra solamente en la escenificación de los acontecimientos históricos, sino en todo lo que ocurre alrededor de ella: las horas de preparación, la organización comunitaria y los conocimientos que pasan de una generación a otra.
Cada vestimenta, cada personaje y cada detonación de los cañones tradicionales forman parte de una expresión cultural que fortalece los lazos familiares y el sentido de pertenencia a Santa Rosa de Lima.
En esta celebración participan familias enteras. Los mayores comparten sus conocimientos, mientras niñas, niños y jóvenes descubren, a través de la tradición, una manera de acercarse a la historia de su comunidad.
La fiesta, explicó Robles, no se limita al día en que se realiza la representación. Su importancia también está en la convivencia entre generaciones, la participación de los habitantes y la voluntad colectiva de mantener viva una herencia que forma parte de la identidad guanajuatense.
Preservar para las próximas generaciones
La declaratoria como Patrimonio Cultural Intangible representa una oportunidad para fortalecer la conservación y difusión de esta expresión cultural, así como para procurar que su significado continúe transmitiéndose entre quienes hoy participan y quienes habrán de hacerlo en el futuro.
El reconocimiento también pone atención en la riqueza histórica de la Sierra de Santa Rosa, una comunidad cuya aportación cultural busca trascender sus propias fronteras y ser conocida por más personas dentro y fuera de Guanajuato.
Para los habitantes que sostienen esta tradición, preservar a los Indios Tejocoteros significa mantener viva una parte de su historia, pero también asegurar que las nuevas generaciones conozcan las raíces de su identidad.
En las palabras de Julio Robles quedó resumido el sentido de esta herencia: mientras haya familias dispuestas a enseñarla, personas que quieran participar y una comunidad orgullosa de su pasado, los Indios Tejocoteros seguirán presentes en la memoria de Guanajuato.
Porque el patrimonio no se conserva solamente al recibir un nombramiento. Se mantiene vivo cuando un pueblo continúa haciéndolo suyo.